Los pavimentos continuos son suelos de superficie lisa, uniforme y sin juntas visibles, lo que crea un efecto de amplitud y continuidad, y suelen ser duraderos y fáciles de limpiar.
Por otro lado, los suelos de piedra son pavimentos hechos con piezas de piedra natural o artificial, que se colocan y unen para formar una superficie, generando juntas o uniones.